A más de una década de su mandato como gobernador de Sinaloa (2011–2016), el nombre de Mario López Valdez —mejor conocido como “Malova”— sigue generando controversia, sospechas y desconfianza entre amplios sectores de la sociedad sinaloense. Hoy, en medio de rumores sobre su posible regreso a la política, resurgen con fuerza los cuestionamientos sobre su gestión, los escándalos que marcaron su sexenio y el peligro que representaría su retorno para la estabilidad política y social del estado.

Un sexenio marcado por la opacidad y el endeudamiento
El gobierno de López Valdez estuvo plagado de irregularidades. Diversas auditorías públicas revelaron opacidad en el manejo de recursos, desvíos millonarios y un endeudamiento que comprometió las finanzas estatales por años. Al término de su gestión, la deuda pública estatal superó los 7 mil millones de pesos, una carga que afectó directamente el desarrollo de infraestructura, salud y educación en los años posteriores.
Corrupción y compadrazgos
Durante su administración, se denunció reiteradamente la existencia de redes de corrupción ligadas a funcionarios de alto nivel, muchos de los cuales fueron señalados por enriquecimiento ilícito. Se privilegió el amiguismo y se asignaron contratos millonarios a empresas vinculadas con allegados al gobernador, en detrimento de la transparencia y la competencia justa.
Represión y violencia sin control
Pese a prometer un gobierno de seguridad y paz, el sexenio de Malova coincidió con uno de los periodos más violentos en la historia reciente de Sinaloa. Lejos de revertir el poder del narcotráfico, su gobierno fue criticado por mantener una postura ambigua frente a los grupos delictivos. Incluso se le acusó de mantener vínculos con ciertos sectores del crimen organizado, lo cual nunca fue investigado a fondo. A esto se suma la represión a periodistas y activistas, así como el debilitamiento de la libertad de expresión, con medios locales enfrentando presiones, recortes publicitarios y amenazas.
¿Regreso a la política?
Los recientes movimientos y apariciones públicas de López Valdez han encendido las alarmas entre analistas y ciudadanos. Aunque no ha oficializado ninguna candidatura, su presunto interés por volver a la política estatal genera preocupación. “Un personaje con ese historial no puede regresar como si nada. No se ha rendido cuentas, no hay justicia, y su retorno significaría un retroceso enorme para el estado”, afirma el politólogo Jesús Martínez, de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
La memoria no debe fallar
La historia reciente de Sinaloa exige responsabilidad y memoria. Permitir que figuras como Mario López Valdez retomen posiciones de poder sin rendir cuentas sería una bofetada a la ciudadanía. Sinaloa necesita renovación, honestidad y compromiso con el bien común, no revivir viejas estructuras marcadas por la corrupción, el abuso de poder y la impunidad.
Conclusión:
Solo de imaginar un posible regreso de Malova a la escena política debe encender todas las alertas. No se trata de persecuciones políticas, sino de hechos concretos, de un sexenio que dejó heridas profundas.
Hoy, más que nunca, Sinaloa necesita mirar hacia adelante y cerrar la puerta al pasado que tanto daño causó.